Qué es lo que un vigilante de seguridad NO debe hacer y por qué es clave para una protección profesional

En Romero Sistemas entendemos que la seguridad no depende solo de tecnología: la vigilancia humana sigue siendo una pieza esencial para proteger personas, bienes e instalaciones en Santa Cruz.
Pero un vigilante profesional no es “alguien que mira”: es un trabajador capacitado, entrenado y regulado. Su labor está sostenida por protocolos, normativas y criterios de actuación que garantizan una respuesta segura y responsable.

A continuación, desarrollamos las principales acciones que un vigilante de seguridad NO debe realizar, por qué son riesgosas y cómo impactan en un servicio de seguridad profesional.

1. No actuar fuera de sus funciones

Un vigilante no es policía ni una figura de intervención armada.
Su tarea consiste en:

  • Prevenir situaciones de riesgo

  • Observar y registrar comportamientos sospechosos

  • Comunicar cualquier incidente

  • Activar protocolos establecidos por la empresa o entidad protegida
     

La normativa de seguridad privada señala que el vigilador no debe “asumir funciones propias de fuerzas de seguridad ni ejercer acciones que excedan sus atribuciones” (Referencia: legislación de Seguridad Privada en Argentina; Leyes provinciales aplicables según jurisdicción).

Actuar impulsivamente o intervenir sin protocolo puede poner en riesgo al vigilante, a terceros y al patrimonio.


2. No abandonar el puesto sin autorización

La presencia constante es un pilar básico del servicio.
Un vigilante que deja su área sin autorización:

  • genera zonas sin cobertura,

  • compromete el circuito de vigilancia,

  • debilita la prevención,

  • y abre oportunidades para incidentes o intrusiones.

La permanencia en el puesto está contemplada en manuales de procedimientos y normativas internas de toda empresa de seguridad profesional.


3. No divulgar información sensible

En seguridad, la confidencialidad es parte del trabajo.
Un vigilante NO debe difundir:

  • datos de accesos,

  • rutinas de clientes,

  • movimientos internos,

  • información operativa,

  • incidentes en desarrollo.
     

Una sola filtración puede comprometer la seguridad integral del sitio.
 


4. No improvisar ante un incidente

La seguridad profesional se basa en procedimientos claros, repetibles y auditables, jamás en acciones impulsivas.

Improvisar puede:

  • agravar un incidente,

  • desencadenar riesgos innecesarios,

  • entorpecer la coordinación con monitoreo o fuerzas públicas.
     

El vigilante debe aplicar el protocolo preestablecido, que puede incluir:

  • dar aviso al supervisor,

  • informar al centro de monitoreo,

  • registrar el hecho,

  • mantener distancia segura,

  • ejecutar acciones de contención según entrenamiento.
     


5. No actuar sin respaldo tecnológico

Si bien la vigilancia humana es esencial, no debe funcionar aislada.
Las mejores prácticas internacionales recomiendan combinar:

  • cámaras de seguridad,

  • alarmas monitoreadas,

  • control de accesos,

  • tótems de seguridad,

  • sistemas de comunicación interna.
     

Romero Sistemas trabaja bajo este modelo: vigilancia humana + tecnología + protocolos, lo que eleva la eficacia del servicio y reduce los márgenes de error.


Conclusión

Un vigilante profesional no improvisa: previene, observa, resguarda y activa protocolos.
Su rol es fundamental, pero solo alcanza su máximo nivel cuando está acompañado por:

✔ capacitación continua
✔ normas claras
✔ tecnología integrada
✔ supervisión y respaldo operativo

En Romero Sistemas formamos equipos atentos, capacitados y responsables, comprometidos con proteger personas, instalaciones y activos en toda Santa Cruz.


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